domingo, 22 de julio de 2012

Capítulo 7

Siempre acabo desmayado, dormido o fuera de mí...

Abrí los ojos. Me encontraba en un lugar desconocido. Otra vez un lugar desconocido.... Una estridente risa invadió mis oídos. ¿Sería Elmond?, me pregunté. Pero no podía ser que hubiese destruido la guarida del Ermitaño, no en tan poco tiempo. Aunque tampoco sabía cuanto tiempo había estado inconsciente...

Hacía calor. No había llegado a conocer el interior de la guarida del Ermitaño pero dudo mucho que fuese como el lugar en el que me encontraba. Parecía una ruina. De pronto la estridente risa surgió de nuevo y alguien comenzó a hablar:

- Así que has venido a detenerme, eh!

- Puede, ¿quién eres? - dije con chulería.

- Soy el motivo de que hayas ido a esa montaña, de que busques a ese hombre.

- Estoy entonces en otra dimensión, ¿no?

- Más o menos, es como cuando estás con tu amiguito el dragón.

- Bueno, hablemos de negocios. ¿Qué quieres de mí?¿Por qué te has metido en mi cuerpo?

- Tienes poder, quiero luchar, quiero sentirme vivo. Siglos llevo pasando de ser en ser. Todos mueren tarde o temprano. Te ayudaré si buscas la inmortalidad.

- ¿Y dónde puedo encontrarla? Empezaremos a buscarla en cuanto podamos.

- Existe un libro de magia antigua, muy antigua. En él están escritos los secretos más poderosos de la magia.

- Estupendo, seré el mago más poderoso del mundo.

- Si consigues llegar asta el libro...


Había hecho un trato con un demonio que podía hacerme la vida imposible si se lo hubiese propuesto. Podría doblegar mi voluntad y hacer lo que quisiera. Pero bueno, cuando consiga ese libro, lo expulsaré de mi cuerpo y lo tiraré al fondo del mar.

Desperté y me encontré con "El Ermitaño" y Crontos. Hablaban. De pronto se fijaron en mí. "El Ermitaño" se acercó y me dio una palmada en la espalda a la vez que me decía:

- Enhorabuena, lo has conseguido, has hecho un trato con él. 

- Podría cambiar de idea en cualquier momento, no me inspira ninguna confianza.

- Esos demonios son muy de cumplir su palabra. No conozco alguno que no haya cumplido su trato.

- Pues vale, gracias por su ayuda.

- Es un placer. Eh, si ves a alguno de esos magos imbéciles al salir, mátalos. Y dale recuerdos Toril, y dile que venga a verme, tengo algo que hablar con él.

Salí de allí dispuesto a ir a buscar al profesor Toril para hacerle algunas preguntas, pero me topé con un tío con alas que nada más verme me comenzó a lanzar hechizos uno tras otro, sin cesar. Me protegí con un hechizo de barrera mágica y me dispuse a lanzar un rayo paralizante, pero algo me atrapó.

Expandí mi hechizo barrera para liberarme de lo que me atrapaba pero me alcanzó una llamarada. Por suerte, la barrera absorbió la mitad del daño. Me enfurecí y con toda mi energía le lancé un bola de fuego y me teletransporté por su espalda y le lancé un hechizo lanza de hielo.

Fue derribado y cayó lentamente. Lo atrapé en el suelo y le hice decirme quién y por qué me quería matar.

Me respondió que no quería matarme, sino atraparme. Elmond mandó a ese tío raro a atraparme. Pero, ¿por qué?

Tenía que encontrar al profesor Toril lo antes posible y contárselo todo, no quería acabar siendo una marioneta de Elmond...



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