jueves, 9 de agosto de 2012

Frunkismilten: La destrucción de Costelo

- ¡Eresh, mi mejod a a a amiiigo! - dijo Maruck completamente borracho.
- Habla el vino dulce, me abandonarías en cualquier esquina por una pipa barata - le dijo Frunkismilten burlón.


Durmieron toda la noche, o más bien el día. Despertaron por el ruido de una estampida de bueyes. Normalmente los bueyes no huyen así, sin más, pensaron los dos amigos. 
Se pusieron en marcha en cuanto estuvieron preparados. Siguieron las huellas que habían dejado los animales hasta que llegaron a una pequeña granja. 

- Frunkis, los problemas te persiguen allá donde vas... - le dijo Maruck a Frunkismilten con tono burlón.
- ¿Celoso de lo divertido que es ser yo?
- No sigas o acabarás creyéndolo...
- No hablas tú, habla la envidia...

De pronto oyeron un grito terrorífico. Corrieron hacia su procedencia y vieron a un ser con forma humana, patas de cabra, boca de lobo, alas negras, cuernos retorcidos y una cola larga y roja. El torso de la criatura era de color rojo y las patas cubiertas de pelo marrón. 
La criatura estaba clavando un puñal en el pecho de la chica. Frunkismilten no lo pensó, corrió y golpeó a la criatura mientras que Maruck le arrojo un hacha. 
El hacha se le clavó en una pierna a la criatura y Frunkismilten le dio un puñetazo que lo arrojó a la criatura a varios metros. El extraño ser desapareció en una llamarada.
Los dos amigos se acercaron a la chica y vieron que estaba gravemente herida. Maruck sacó su frasco de agua de hadas y vertió una gota sobre la herida de la chica. En un instante se cerró la herida y la chica se levantó y les explicó lo que había sucedido.

Estábamos recogiendo la cosecha, cuando escuchamos a los bueyes gemir de una forma desagradable. Mi padre se acercó y vio que estaban muy nerviosos. Entró para tranquilizarlos y encontró a uno abierto en canal. De pronto esa criatura que habéis ahuyentado salió del animal y atacó a mi padre. !Se comió su corazón! 

La chica rompió a llorar. Cuando se tranquilizó siguió contando...

Después de matar a mi padre, los bueyes salieron en estampida y el vil ser, vino a por mí. Intenté resistirme pero poco pude hacer. Entonces me salvásteis.

Les resultó muy extraño a los dos aventureros que un "demonio" apareciese de repente sin ser invocado en una granja apartada de la ciudad. 
Escoltaron a la chica hasta la ciudad. Cuando llegaron, la ciudad estaba sumida en un caos. Montones de "demonios" destruían la ciudad y devoraban los corazones de los ciudadanos. Frunkismilten se quedó con la boca abierta, jamás se había enfrentado a tantos demonios juntos.

- No soy un experto en demonios pero..., alguien debe de haberlos invocado. Supongo que si le cortamos el pescuezo al invocador, desaparecerán - dijo Maruck, pensativo.
- Muy listo, ahora solo falta encontrar al mago que los ha invocado - dijo Frunkismilten con sarcasmo.

Fueron hasta el centro de la ciudad, matando demonios, abriéndose paso entre gente muerta y demonios hasta que llegaron a un gran portal por el que salían más y más. Frente al portal, había un gran trono en el que estaba sentado un enorme cíclope. Este cíclope llevaba una túnica de mago. Era extraño ver una criatura así dominar la magia, pero bueno, es bueno ver cosas nuevas pensó Frunkismilten.
Se acercaron al trono y llamaron la atención del cíclope.

- Eh!, asqueroso de un solo ojo, deshaz este entuerto o tendrás problemas - dijo Maruck con actitud chulesca.
- No creo que sea buena idea insultar a un mono gigante. Podría pisarnos - dijo Frunkis, burlón.
- GRRRRRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA - gritó el cíclope.

Tras el grito, se levantó del trono. Parecía enfadado, y con ganas de machacar a los dos aventureros.
Frunkismilten decidió probar la vara que las hadas le regalaron pues sus otras armas poco podrían hacer. Maruck comenzó a correr hacia un almacén que vio. Mientras, Frunkismilten jugaba un poco. Hizo un hechizo que creaba una masa viscosa y la esparció por el suelo, usando la magia de la varita. El cíclope la pisó y cayó al suelo, formando un gran estruendo. El cíclope se levantó muy rápido con un hechizo de levitación y se quedó flotando, para no volver a resbalar. 
Maruck estaba sacando barriles de aceite del almacén y esparciéndolos por toda la plaza. Frunkismilten intuyó su plan y siguió distrayendo al cíclope. 
Agitó la varita murmurando unas palabras y salió un haz de luz cegadora, pero el cíclope también murmuró unas palabras, y de sus manos salieron llamaradas que Frunkismilten tuvo que parar con un muro de agua que invocó con su varita.
Entonces Maruck gritó:

- TRAELO!!

Frunkismilten invocó unos patines en los pies del cíclope y este cayó al suelo de nuevo. Entonces en un último y gran esfuerzo, Frunkismilten invocó una corriente de aire y empujó al cíclope hasta donde Maruck había vertido el aceite. Entonces, Maruck prendió el aceite y el cíclope salió ardiendo. Sin embargo, el portal no se cerró y los demonios tampoco desaparecieron.
De repente, el cíclope se abrió en canal y surgió de él un demonio igual, a los ya surgidos, en apariencia, pero más grande.
Entonces Frunkismilten y Maruck se lanzaron a ellos empuñando sus armas. El demonio estaba algo desconcertado así que no les fue difícil golpearle. Le hirieron gravemente pero el demonio les golpeó con sus garras haciéndoles varios cortes.
Frunkismilten, agotado, sacó dos espadas cortas de sus bolsillos y como un torbellino se lanzó girando cada vez más deprisa hacia el demonio, el cual no pudo esquivar el ataque y acabó lleno de cortes. Maruck aprovechó para darle el golpe de gracia, y cortando la cabeza al demonio terminó la batalla.

Los demonios fueron absorbidos por el portal y luego se cerró. La ciudad, sin embargo, no volvió a estar como antes. Estaba lleno de cadáveres, las casas en ruinas, todo destruido....

Los dos amigos se quedaron tres semanas en la ciudad para ayudar a los pocos supervivientes a reconstruir la ciudad y para curarse sus heridas. Costelo, la ciudad que hacía los mejores quesos del norte, tardó muchos años en recuperarse de aquel golpe. La ciudad se fue llenando poco a poco de nuevos habitantes que iban llegando.

Frunkis y Maruck siguieron su camino lleno de aventuras siempre guardándose las espaldas el uno al otro.




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