domingo, 26 de junio de 2016

Frunkismilten. Un poco de sal.

- Te digo que me tiro aquí mismo, no daré un paso más hasta que me digas hacia dónde diantres nos dirigimos. - dijo Maruck, dejándose caer al suelo.

Frunkismilten siguió caminando sin importarle que su amigo y compañero de viaje se hubiese detenido.
Tras varios días de camino por un frondoso bosque consiguieron llegar a un gran claro con una caravana tras la cual, ascendía una pequeña columna de humo.
Frunkis y Maruck se acercaron sin miedo para saludar a quienes hubiesen tras la caravana, pero se sorprendieron al ver que no había nadie.

- ¿De quién es esta caravana?
- Y yo que sé Maruck.
- Gruñón.
- Caya, vamos a pasar aquí la noche. Usaremos esta hoguera para hacer algo de comer. Me voy a cazar algo.
Frunkismilten se adentró en el bosque durante una hora y poco más. Cuando volvió se encontró a su amigo tirado en el suelo, inconsciente.
Sin perder la calma ni darse prisa alguna se acercó a su amigo y lo despertó a tortas.
- Maldita sea la magia y todas las artes oscuras. Las maldigo a todas. - espetó Maruck al despertar.
- ¿Qué te ha pasado? No puedo dejarte solo, eres como un crío.
- Esa maldita caravana tiene un encantamiento maligno que no me deja entrar.
- Eso te pasa por curioso. Voy a ver qué tan importante hay dentro como para protegerlo con tal sortilegio. Cuidado y no te desmayes de nuevo, princesa - se burló Frunkismilten.

Inspeccionó la entrada de la caravana esperando encontrar algún mecanismo que accionase una trampa o algo parecido. Al final tuvo razón Maruck, y era cosa de magia.

- Descansemos - dijo Frunkismilten tras descubrir que la caravana estaba protegida con magia.

Comieron lo que Frunkis había cazado y Maruck cocinó en la hoguera, bebieron vino y cayeron rendidos tras un largo día. 
A mitad de la noche, un espeluznante grito ahogado los despertó. El grito salía de la caravana y pedía socorro. Se acercaron a la entrada de la caravana y pudieron ver un espectro, un fantasma, un ser translúcido que les puso los pelos de punta.
- AYUUUDAA - gritaba el espectro.

Maruck cogió su hacha y se dirigió a la parte de atrás de la caravana y con todas su fuerzas la golpeó.
Lo único que consiguió fue salir despedido a varios metros de la caravana.

- Eso te pasa por listo. ¿Acaso crees que la magia solo está en la puerta? Tsss - dijo Frunkis con desprecio.

- ¿Y qué hacemos para entrar? - preguntó Maruck.
- Sal.
- ¿Que salga de dónde?
- Un poco de sal anulará la magia durante el tiempo necesario para entrar nosotros, o que salga lo que esté dentro.
- O ambas cosas.
- Exacto.

 Con un poco de sal rociaron la caravana anulando el sortilegio unos segundos. Al intentar entrar, un ser translucido los empujó hacia fuera. Al salir de la zona invadida de magia el ser fue adquiriendo color y forma hasta transformarse en una ninfa semidesnuda, con la piel verde como las hojas de un árbol sano, el pelo largo y cobrizo y unos ojos amarillos y enormes como los de un búho.

- Gracias por liberarme amables caballeros. Pero aún no estoy a salvo. Si no se destruye esta caravana maldita volverá a atraparme y desaparecerá de este lugar. - dijo la ninfa con su dulce voz.
- En primer lugar, no soy un caballero, pues no llevo caballo y mucho menos el animal que me acompaña. Estamos lejos de ser caballeros, somos dos amigos en busca de aventuras y tesoros mágicos. - dijo el duende con un tono de voz humorístico.

- Sí, tesoros como tú preciosa. Ser mágico  y divino. - dijo Maruck como un cerdo baboso.

- Maruck, supera ese comportamiento de animal o me veré obligado a quitártelo a palos.

- Disculpa señorita por mi anterior comentario, hace semanas que no vemos mas que tierra y árboles. Será un honor servirla y liberarla de ese sortilegio que la ata. ¿Qué podemos hacer para destruir tan poderosa magia?

- Con la sal me habéis liberado de forma temporal. Solo se eso. Un poderoso brujo me atrapó y me encarceló. 

- ¿Y por qué un brujo iba a adentrarse en un bosque de ninfas para hacerte desaparecer? ¿Por quéno te mató? - preguntó el duende intrigado.

- Por que soy la ninfa hechicera más poderosa del bosque. La única que podía hacerle frente al brujo pero me traicionaron mis aprendices. Si me hubiese matado matado toda la magia del bosque habría muerto conmigo y se habría convertido en un terreno impío y maldito.

- Vaaaaya. - dijeron los dos aventureros al unísono.

Frunkismilten cogió su bolsa de sal y comenzó a hacer un círculo alrededor de la caravana. Como no tenía tanta sal, el círculo era u a fina línea formada lor granos de sal.
Para comproba el efecto, arrojó una piedra al interior de la caravana. Nada impidió entrar a la piedra. Acto seguido Frunkis entró en la caravano y se puso a inspeccionarla buscando el objeto del cual emanaba el poder del encantamiento.

Maruck le acompañó en la búsqueda. Cuando los dos aventureros estuvieron dentro de la caravana se oyó un ruido que los alarmó. La puerta de la caravana se había cerrado.
Maruck se fue hacia la puerta y comenzó a golpearla, sin embargo, el duende siguió buscando el objeto encantado.

En la caravana había libros de historia, especias, una pequeña cocina con varios platos y vasos de madera. También había un pequeño sillón con una mesita al lado. La mesita tenía encima un candelabro con una vela consumida. La mesita tenía un cajón. Frunkis abrió el cajón y descubrió una pequeña rama con dos hojas, una verde y la otra negra. Al coger la rama el duende cayó de espaldas con los ojos en blanco.

Al cabo de unos minutos Frunkismilten despertó y se encontró a su amigo y a la ninfa a su alrededor preocupados.
Frunkis se levantó con la rama aún enla mano. La miró y le arrancó la hoja verde. Se escuchó el crugir de la madera y las paredes de la caravana cayeron hacia fuera para luego desaparecer como un puñado de ceniza arrastrado por el viento.

- Eres libre. - dijo el duende a la ninfa.

- Al fin, muchas gracias, os debo la vida. - dijo la ninfa emocionada.

- Pero, ¿cómo lo has hecho viejo amigo? - preguntó Maruck.

- Comiendo fruta y verdura todos los días jodido ganso.

- Eres uan maestro de la simpatía, jodido duende.

- ¿Puedo acompañaros en vuestros viajes? - preguntó la ninfa a los aventureros.

- Si eres capaz de aguantar al enano marrano.

- O al duende antipático este.

- O al enano apestoso...

- O al duende borracho...


Y así continuaron sus viajes Frunkismilten y Maruck con su nueva amiga..., ¿cómo se llama? A nuestros amigos no se les ha ocurrido preguntar el nombre a la ninfa que les acompañará en sus viajes....



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