viernes, 3 de agosto de 2012

Frunkismilten: El asesino de magos

- ¡Por supuesto que le conozco!, es mi gran amigo Frunkis. - Dijo el obeso enano, totalmente borracho.
- ¿Y sabe dónde podemos encontrarle? - preguntó el encapuchado, con tono sombrío y sosteniendo aun una papel con el retrato del duende Frunkismilten.
- No, ese maldito duende aparece y desaparece sin dar explicaciones a nadie, ni a su mejor amigo. Yo... yo... . - y cayó en redondo el enano, dormido, roncando como un gorrino.


Frunkismilten vagaba por el bosque de Orlen, con su caldero colgado a la espalda como una mochila y en su mano derecha sujetaba una botella de vino enorme, una de las botellas de Nork.
Se fijaba en cada detalle del bosque pues le gustaba la paz que le transmitía. "Sí, un buen vino, una buena pipa y un pacífico bosque, y tal vez... unas ninfas, jeje", pensó el duende mientras paseaba, lo que le hizo soltar una carcajada. Recordó el tiempo que pasó con su amigo Maruck, en los bosques celestes de Tushcan.
De repente, se detuvo y observó unas bellas flores. Guardó el vino y sacó un pequeño cuchillo. Cortó algunos pétalos de flor y los echó en su mortero. Siguió caminando, pero esta vez mientras machacaba los pétalos e iba añadiendo más ingredientes. Estaba preparando una poción para curar la parálisis.

Llegó a las lindes del bosque y pudo ver de lejos Orlen, la ciudad de las hadas. Anduvo hasta llegar a la ciudad y fue en busca de una posada donde descansar. Ya estaba oscureciendo cuando llegó a la posada.

- Necesito una habitación para pasar la noche. Y sírvame el menú del día, me pondré en la mesa aquella del rincón. ¿Cuánto costará todo?  - dijo el duende al encargado de la posada.
- Serán 7 piezas de plata, 8 si quiere también un baño caliente y 9 si desea compañía.
- Aquí tiene, 8 piezas de plata, necesito un baño, huelo a troll.
- No se crea, la pasada noche estuvo por aquí un enano muy gordo que olía como un baúl lleno de trolls... Aunque no se merecía lo que le pasó.
- ¿Qué le paso? - preguntó Frunkismilten, intrigado.
- Un hombre, muy siniestro, encapuchado y con malas pintas en general le estuvo sonsacando información sobre un retrato que le mostraba. El enano no dio ninguna información y al rato cayó rendido. No es la primera vez que pasa por aquí y le he visto beber mucho más, por eso pienso que lo envenenó. Luego, lo llevó arrastrando fuera de aquí y ya no se que pasó con el pobre enano.
- MmMmm, gracias por la información, tome, una moneda más por su amabilidad.


Frunkismilten estuvo largo rato disfrutando de la cena y de la bebida. Cuando una de las sirvientas le informó de que estaba listo el baño, fue y se bañó. Tras varias horas metido en la bañera, salió, se secó y se tiró en la cama, donde durmió toda la noche hasta que las campanas que daban la alarma en el pueblo comenzaron a sonar. Fastidiado al ser interrumpido su sueño, Frunkismilten se levantó y se asomó a la ventana.
Se quedó con la boca abierta al ver que la plaza del pueblo estaba llena de estatuas. No recordaba que por la noche, cuando llegó, estuvieran. Se vistió deprisa y bajó. Pidió un poco de pan y queso para desayunar, pagó y se fue comiéndose su bocadillo.
Al llegar a la plaza pudo ver que esas estatuas eran personas. Más que personas, eran seres mágicos. Habían paralizado a las hadas, magos y a todos los seres que poseían magia que estaban en el pueblo.
"¿Cómo ha podido suceder algo así?" pensó Frunkismilten.

Anduvo entre las estatuas y de pronto le vio. ¡¡Era su amigo Maruck!! Sacó la poción que había preparado en el bosque de Orlen y le echó 2 gotas por encima. Maruck comenzó a moverse y al ver a su gran amigo su cara se llenó de emoción y se dieron un abrazo.
Maruck le contó a Frunkismilten todo lo que pasó:

Hace varias semanas me venía siguiendo un tipo. Conseguí verlo en una ocasión pero se desapareció. Pensé que era un mago pero estaba equivocado, puedo oler a cualquier mago y ese tipo olía más a demonio que a mago. Cuando llegué a la posada hice lo que siempre hago al llegar a una posada, ¡¡pedí vino!!, mucho vino del bueno y aguamiel. 
Entonces se acercó ese tipo, me enseñó un retrato y vi que eras tu el retratado. Me preguntó si conocía al del retrato y le dije que sí, que eras mi amigo. Me preguntó donde te encontrabas, pero no se lo dije y aunque hubiese querido decírselo no habría podido porque no lo sabía. 
Entonces me desmaye, y aquí estoy ahora. 

Frunkismilten comenzó a quitar la parálisis a los demás paralizados y cuando terminó escuchó un aplauso pausado.
Era el encapuchado. Frunkismilten jamás había visto a ese tipo, no sabía quien era. El desconocido se apareció frente a los dos amigos y dijo:

- Al fin te encuentro escurridizo duende. Ahora podré destruirte y así irás con los tuyos.
- ¿Por qué coño quieres destruirle?, ¡¡si no le conoces de nada!! - exclamó Maruck.
- ¡¡No es de tu incumbencia estúpido enano!! - contestó el encapuchado.
- No te preocupes Maruck, vamos a darle una paliza ninja, que parece que le gusta que le den caña. - dijo burlón Frunkismilten.

A Maruck se le fue la cabeza y desenfundó las dos hachas que siempre llevaba en su espalda mientras que corría hacia el encapuchado, pero este sacó su espada y paró los dos golpes. Sin embargo, no pudo parar el golpe que el duende le infligió por la cadera, cortándolo por la mitad.
El cuerpo del encapuchado se deshizo y una niebla negra salió de la ropa.

- ¡Es una puñetera sombra! - exclamó Maruck.
- No dejes que se meta en tu cuerpo. Es una sombra, un ser malvado que odia la magia. No suelen verse, alguien ha debido invocarla para que me mate. ¿Quién querrá matarme? si he sido bueno... - explicó Frunkis
- JAJAJA, vamos a darle una paliza a esa jodida sombra. ¿Cómo se matan?
- Con magia no desde luego, así que usa solo el hacha no mágica. Yo usaré el caldero. La arrearé un porrazo que lo va a flipar, Maruck.

La sombra intentó meterse en el cuerpo de un hada que había cerca, pero Frunkismilten se interpuso y le intentó dar con el caldero, pero falló. La sombra intentó huir pero Maruck le cortó el paso, y la sombra le arrolló. Frunkismilten le dio a la sombra con el caldero evitando así que se introdujese en el cuerpo de Maruck. La sombra comenzó a girar tan deprisa que produjo un tornado oscuro que los arrojó contra las casas, dejándolos aplastados contra las paredes.
Se pusieron en pie, doloridos, aturdidos.

- Maruck, intenta pararle los pies un momento. Voy a hacer algo. - Dijo Frunkismilten.
- A ver si puedo atarle y dibujarle un ya sabes que en la frente. ¡¡Aunque no tiene frente!!, JAJAJA.

Frunkismilten sacó la varita que le arrebató a Neigard tiempo atrás. Conjuró una barrera de piedra alrededor de la sombra. La sombra era inmune a la magia, pero no a la piedra. La sombra intentó escapar pero no le dio tiempo puesto que Frunkismilten hizo que la barrera de piedra se cerrase alrededor de la sombra aprisionándola.
El duende y el enano se acercaron a la barrera donde la sombra estaba prisionera. Frunkis abrió un poco la barrera y cuando la sombra intentó salir, la molieron a hachazos y calderazos. Y así la sombra desapareció.

Todas las hadas del pueblo estaban alrededor de la plaza, habían visto toda la lucha y cuando vencieron a la sombra, vitorearon y aplaudieron y gritaron de alegría a los héroes.

Agradecidas, las hadas le invitaron a volver cuando quisieran y les otorgaron varios artilugios mágicos. A Frunkis le regalaron un collar que le permitiría respirar bajo el agua siempre que lo llevase puesto. También una vara de Roble que tenía un gran poder que Frunkis en ese momento desconocía. A Maruck le dieron un hacha que podía ser mágica o no a su antojo, además de un frasco de agua de hadas que le devolvería la vida a un moribundo solo con una gota.

Los dos amigos se quedaron en la ciudad varios días, disfrutando de la belleza de la ciudad, de sus vinos, de su hierba de hada y de la fantástica compañía de un viejo amigo.

Pasados esos días partieron juntos hacia una nueva aventura.



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