viernes, 18 de agosto de 2017

Presencia


De pequeño siempre íbamos mis padres, mis hermanos y yo a casa de mis abuelos a almorzar. Solían ser sábados normales, sin sucesos extraños. Hablábamos, reíamos, los periquitos que tenía mi abuela practicaban sexo mientras comíamos y armaban mucho ruido, en fin, sábado normal.

Sin embargo, uno de esos sábados pasó algo. El grifo de la cocina se habría solo, lo cerrábamos bien y se volvía a abrir. Luego, mi madre escuchó unos pasos en el piso de arriba ( la casa es de 3 plantas ), en las habitaciones y los perros estaban al principio de la escalera ladrando con fuerza hacia arriba. Todos estábamos abajo así que nadie podía estar arriba. Mi abuela subió y miró en las habitaciones de las 2 plantas superiores. Al bajar nos dijo que no había nadie arriba.
Continuamos hablando como si nada hubiese pasado. Al cabo de un rato, los perros salieron corriendo hacia las escaleras, ladrando ferozmente. Por la escalera, cayó un paraguero que había en la esquina donde la escalera giraba. Nos quedamos todos mirando con cara de susto hacia las escaleras y nos apartamos, y los perros seguían ladrando. En un instante, se hizo el silencio, los perros salieron corriendo hacia el patio y comenzaron a ladrar de nuevo cada vez más cerca de la puerta. Nos quedamos pasmados.




A veces, cuando una casa es antigua, puede tener presencias de seres que la habitaron en otra época, o puede que solo este pasando por ahí. El día que hable con alguna presencia le preguntaré.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Intruso

Sabía que los perros tienen una especie de sexto sentido que les permite detectar, ¿cómo decirlo?, presencias.

No se si los pájaros también tienen algo así pero fue muy extraño.

Todo comenzó una noche normal, en un día normal, de un caluroso verano normal.
Estaba dormido placidamente cuando escuché el alboroto.
Me levanté de la cama sobresaltado y me fui hacia la puerta. Mi pareja estaba al fondo del pasillo, asustada por el ruido. 

Procedía del piso superior así que encendí la luz de la escalera y subí.

No logré ver nada extraño, ni personas ni animales que no tuviesen su lugar el cuartillo que formaba toda la planta de arriba de la casa.
Tan solo pude ver a mis 3 pájaros, asustados, agitando las alas como si alguien intentase cogerlos.
Cuando me acerqué se calmaron y les pregunté qué les había pasado. 

Solo me miraron. Normal, los pájaros no hablan humano. Hablan pájaro.

Abrí la puerta de la azotea y me asomé a ver si había alguien o algo. No vi nada.

Cerré la puerta, apagué la luz y fui escaleras abajo. Mientras bajaba, una corriente de aire pasó por mi lado. Fue extraño. Estaba todo cerrado. No le di importancia y me fui a la cama de nuevo.

Pasó el día y volvió la noche. Volvió a pasar lo mismo. A la misma hora. Los mismos sucesos. Se repetía y ya no era normal.

Bajé la escalera y la puerta del baño se cerró de golpe.
Pero si el cuarto de baño no tiene ventanas, pensé.
En un acto de valentía o tal vez insensatez abrí la puerta que se acababa de cerrar y encendí la luz.
Nada, un cuarto de baño vacío. Lógico, ¿qué esperaba encontrar?

A la noche siguiente se volvió a repetir. Esta vez la puerta del baño no se cerró. 
Me dirigí hacia la habitació  pero escuche un ruido como de agua cayendo por un desague, mucha cantidad. 
Fui corriendo al baño y el ruido cesó. Pude oir que provenia del lavabo. Abrí el mueble bajo el lavabo. Era un hueco vacío con una repisa de madera y un suelo de losa.

Una de las losas estaba suelta, así que la levanté. Había un agujero bajo ella y un sobre en su interior. Lo cogí, puse la losa y cerré la puerta del mueble.

Me fui al salón y abrí la carta. Solo había una cosa escrita, pero cientos de veces.

¡ESTA ES MI CASA!

Completamente acojonado fui a contárselo a mi pareja. Ya éramos dos acojonados. No conseguimos dormir en toda la noche.

Al día siguiente estábamos muy cansados. Creíamos que dormiríamos por el mero echo de estar derrotados entre la falta de sueño y el cansancio de una dura jornada de trabajo.
Así fue. Sobre las 2 de la madrugada volvimos a escuchar un ruido. Me levante dispuesto a darle una paliza al fantasma, presencia o lo que fuese que estuviese fastidiando. 
No había nada. Apagué la luz del baño y me dispuse a volver a la cama.

- ¡ESTA ES MI CASA! - sonó por toda la escalera retumbando en las paredes. 

Estaba aterrorizado. Mi novia se vino corriendo conmigo al oirlo.

No sabíamos que hacer. De repente vimos una sombra bajando la escalera. Parecía una mujer mayor por su forma encorbada y la voz fría y áspera. Marqué en el móvil el número de emergencias y se lo di a mi novia y la encerré en el salón. 
La cosa que bajaba por la escalera se avalanzó contra mi. Quería agarrarme el cuello. La tiré al suelo y me aparté. Era una mujer mayor, de unos 200 años por lo menos, estaba muy arrugada.

Al cabo de unos 20 minutos llegó la policía.

Resultó ser la madre de la mujer que nos había alquilado la casa. Estaba mayor y había perdido la cabeza. No sufrió ningún daño pero nosotros pasamos la peor semana de nuestra vida.

Creer en fantasmas es peor que no creer y que existan.