jueves, 21 de septiembre de 2017

Siempre lo será

Cuando era pequeño iba de vez en cuando a casa de mis tíos. Vivían en unas casas adosadas que parecían pequeñas vistas desde fuera, pero en realidad eran bastante grandes.
Siempre me sorprendía cuando escuchaba los gritos que venían del adosado de al lado. Pregunté a mis tíos que pasaba en esa casa. Me contaron que vivía un matrimonio desde hacía años. Una joven extranjera se había casado con un hombre mayor que ella. Desde que llegaron se escuchaba como se peleaban, como él le pegaba a ella y la hacía llorar. No la dejaba salir de la casa para nada.

Uno de esos días que estuve allí no los oí, y le pregunte a mis tíos. Me contaron que hacía una semana más o menos había ido la policía a esa casa y habían sacado un muerto. El hombre maltratador había muerto. Los días siguientes se vio como la mujer extranjera salía a todas horas de la casa a pasear, a comprar, a disfrutar; se la veía feliz.

Unos meses después de la muerte de su marido, la chica extranjera empezó a comportarse de una forma extraña. Cuando iba por la calle, a veces, gritaba horrorizada y salía corriendo para encerrarse en su casa. En otras ocasiones se la escuchaba llorar en su casa. Así estuvo durante varias semanas, hasta que un día dejo de vérsela por el barrio.

Al cabo de un tiempo, la gente se preocupo, llamo a su puerta, pero no contestaba nadie. Los vecinos que se acercaban de vez en cuando, intentaron ver por las ventanas. Para su sorpresa, vieron que estaba tirada en el suelo con muy mal aspecto. Llamaron a la policía, y la encontraron tirada en el suelo, desnuda, muerta.

La gente especuló sobre el asunto. Algunos decían que ella mató a su marido, y que este volvió de entre los muertos para vengarse. Otros dicen que se suicidó porque no podía con el remordimiento de haber matado a su esposo. Yo pienso que él volvió, y siguió maltratándola como hacía en vida, una persona que es malvada en vida, también lo es cuando muere.


jueves, 14 de septiembre de 2017

Flores

La señora Dolores iba todos los viernes al cementerio a poner flores en la tumba de su esposo. Le gustaba pasear por el cementerio para ver las flores tan bonitas que tenían los jardines. Estaba precioso, pensaba ella.
Uno de esos viernes, mientras ponía flores en la tumba de su esposo, un hombre, aparentemente joven, la saludó:
- Buenas tardes, señora - dijo el joven.
- Buenas tardes, ¿puedo ayudarle en algo?
- Sí, ¿podría poner unas pocas flores en aquella tumba? Por favor.
- Por supuesto - respondió Dolores amablemente.

Dolores siguió al hombre de cerca. A los pocos segundos de camino, Dolores se dio cuenta de que los pies del hombre no llegaban al suelo, sin embargo caminaba. A pesar de quedar perpleja ante tal situación, Dolores no dejó de caminar junto al hombre.
Llegaron a la tumba, y Dolores puso flores en ella. Al ver la foto que había en la tumba se dio cuenta de que era el mismo hombre que le había pedido que pusiera flores en ella. El hombre le dio las gracias, y Dolores vio como se desvanecía poco a poco.

A partir de ese día, Dolores llevó flores a la tumba de su esposo y a la del hombre al que otorgó, según pensó ella, la paz.



Este relato me parece muy interesante. Ese hombre solo quería que alguien le recordase, que alguien velara por su tumba. Se topó con una mujer bondadosa que le dio la paz para poder ir a donde vayan los espíritus. Supongo que irán a algún lugar porque con la de humanos que han muerto desde que comenzó la vida, estaría el mundo petado de fantasmas.