martes, 7 de agosto de 2012

Un amor estrellado



Carlos era un chico tímido. No se relacionaba mucho con la gente, aunque tenía muchos amigos, de los cuales solo algunos conservaba aún.

Que fuese tímido, no quería decir que no fuera simpático, de hecho, era muy gracioso y caía muy bien a sus amigos y amigas. Además era muy buena persona, y también sabía cocinar muy bien. Esto último se le notaba en su barriga, que no era excesiva pero se notaba que era de buen comer.

Llegada la pubertad, todos sus amigos comenzaron a salir con chicas, y cada vez salía menos con ellos, hasta que un día se dio cuenta que llevaba dos años sin ver a sus amigos, sin salir a tomar algo, a hacer deporte….

Por esa época se sentía muy triste, él notaba que le faltaba algo. Se sentía vacío.

Probó muchas cosas llenar ese vacío, se compró un perro, fue a fiestas, compró juegos nuevos para las videoconsolas, compró libros para leer, pero nada le llenaba ese vacío doliente que tenía.

Un día decidió pasear Roxy, su perrita, por la playa. Ese día la playa estaba desierta, lo que hizo que Carlos se sintiera más solo aún. Estaba cada vez más triste. Se asombró cuando notó las lágrimas caer por sus mejillas pues no era el tipo de personas que llora fácilmente .

De pronto, Carlos vio caer algo al agua y escuchó una voz que pedía ayuda. Preguntó a voz en grito donde estaba. La voz seguía pidiendo ayuda. Carlos se metió al agua seguido por Roxy. Se topó con algo, era una persona. Quedó sorprendido por su hallazgo, pero aún así usó todas sus fuerzas para levantar a esa persona del agua y sacarla fuera.

Era una chica, estaba desnuda, la echó sobre la arena y le puso su chaqueta por encima. La chica comenzó a toser. Cuando abrió los ojos se asustó al ver a Carlos. Le preguntó quién era, y Carlos se presentó y le contó lo que había pasado. Se quedaron en silencio unos minutos.

Carlos sacó un cigarro y se puso a fumar, para relajarse ante tal situación. Estaban sentados juntos en la orilla y ella le miraba fijamente. Ella comenzó a hablar. Le contó que no sabía de dónde venía, que no recordaba nada.

Carlos se la llevó a casa y le dijo que al día siguiente la llevaría a la comisaría para que encontraran a su familia. Le enseñó cómo se usaba la ducha y le dio ropa. Cuando salió de la ducha, Carlos le tenía preparada una rica cena. La chica devoró la cena como si llevase semanas sin comer. Una hora más tarde se fueron a dormir. Carlos durmió en el sofá y le ofreció a la chica la cama, con sábanas limpias que acababa de poner. A Carlos le palpitaba el corazón muy rápido cada vez que la miraba a los ojos.

Al día siguiente fueron a la comisaría y le tomaron las huellas dactilares. Le dijeron que la llamarían cuando encontrasen algún familiar, que tardarían un par de días porque tenían mucho trabajo.

Volvieron a casa. Carlos le enseñó muchas cosas, usar la tele, los videojuegos, libros, canciones, historia, …, pero no recordaba nada, aunque iba aprendiendo.

Pasó una semana y cada vez estaban más a gusto el uno con el otro. Decidieron entre los dos que la chica se llamaría Emma. Carlos le propuso nombres y ella eligió ese.

En los días siguientes salieron, conocieron más personas, visitaron otros pueblos y lo pasaban estupendamente.

Un día estaban hablando cuando de pronto quedaron en silencio y mirándose a los ojos. Así, sin más se besaron apasionadamente. Estaban muy felices.

Al día siguiente, llamó la policía. Fueron a la comisaría y allí le explicaron que la chica había muerto hacía 4 años junto con su madre, y que ya no le quedaba familia. El policía explicó que murieron en un accidente de coche, y que nunca encontraron el cadáver de Emma. También les contó que se llamaba Paula. Emma se quedó inmóvil durante varios minutos y de pronto dijo que lo recordaba todo. Volvieron a casa y Emma durmió.

Al día siguiente, Emma despertó a Carlos y le dijo que no quería nada de su anterior vida, que arreglaría los papeles que tuviera que arreglar para constatar que estaba viva y que se cambiaría el nombre por Emma. Esa noticia puso a Carlos muy feliz pues pensaba que Emma le abandonaría tras recuperar la memoria.



Unas semanas más tarde, Emma ya había puesto en orden todos sus papeles y vivía junto con Carlos. Eran felices. Ambos tenían trabajo y no les faltaba de nada. Un año después se casaron y tuvieron un bebé.



Una noche, Carlos le preguntó a Emma: “¿Caíste del cielo verdad?”




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